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LAS ARTES Y EL CEREBRO Héctor A. Figini Lo que sigue es un resumen de un libro, pensado por un neurólogo, pero dirigido al público en general, con la intención de comprender ese maravilloso proceso de la creación y la apreciación de lo artístico. En tiempos remotos cuando el hombre primitivo se fue librando de importantes peligros y dispuso de tiempo para dedicarse a inventos y creaciones, aparecieron las herramientas y las pinturas cavernícolas. Crear tiene el mismo origen que criar, porque la noción de que la vida tiene un límite, es lo que impulsa a buscar algo que nos represente cuando ya no estemos vivos. La imaginación es indispensable tanto en las ciencias como en las artes, aunque en las primeras haya orden, secuencia y conclusiones, mientras en las otras predomine el procesamiento súbito, los símbolos, las metáforas y la intuición. Por otra parte, en lo artístico es primordial que el brote motivador se mantenga en permanente equilibrio con la autocrítica y el discernimiento. El cerebro, base de la inventiva creadora, tiene estructuras muy antiguas, en las que se mezclan entre otras cosas lo instintivo, lo emocional, la memoria, la percepción de uno mismo y la de cómo los otros nos ven, en suma la noción del yo personal. Nuestra existencia es el producto de cómo hemos vivido y con frecuencia, estímulos muy vivos que son la motivación interna se enfrentan con las capacidades para planificar, actuar y reordenar las acciones según las circunstancias. Esa interpretación de nuestro funcionar profundo, terminó con el viejo concepto de que algunas personas eran elegidas y disponían de dotes creativos que los demás carecían. De todos modos nadie negaría hoy que existe una inseparable relación entre la actividad mental, la conducta y el cerebro y se ha llegado a aceptar niveles de complejidad del sistema nervioso, que a lo largo de la filogenia, hicieron cada vez mas compleja esas relaciones. Así se reconoce que en nuestro cerebro existen estructuras muy primitivas, diseñadas para controlar necesidades primarias, conductas instintivas y estereotipadas. Por encima apareció el Sistema Límbico fundamental para la memoria, responsable de lo emocional, motivador de acciones, generador de bienestar o malestar y de rechazo o aceptación ante las circunstancias. Un tercer nivel el de la corteza cerebral, dotado para leer, escribir, interpretar, analizar, calcular, razonar y planificar. Lo importante es que nuestra normalidad depende de una comunicación fluida y equilibrada, entre esos tres niveles. La relación permanente entre lo conciente y el inconsciente es una de las mayores intrigas de la neuropsicología y se tiende a mostrar que las drogas y el alcohol, rompen la barrera que en la vida normal mantienen separados esos dos niveles y así los neurotransmisores circulan libremente. Las características de cada creación, están más relacionadas con las circunstancias en que vive el autor, que con su personalidad y en eso se centra la psicología del arte. Sus posibilidades de investigar son mayores cuando se trata de un autor contemporáneo, con el que se pueda dialogar, interrogar y observar sus comportamientos cotidianos, aunque queda claro que en muchos difieren sus explicaciones o su lenguaje con lo que expresa su obra, porque tal vez desconocen que estaba ocurriendo en su interioridad, mientras trabajaba. La personalidad, el carácter y el temperamento han sido bases importantes de lo psicológico. Coinciden las opiniones en que el cerebro es un lugar en el que se cruzan el camino biológico (lo heredado y las condiciones somáticas) y el camino biográfico (lo aprendido y las circunstancias vividas). En la antigüedad griega se hablaba del humor sanguíneo, colérico, flemático o melancólico. Pero mayor trascendencia tuvieron las descripciones de los biotipos que hiciera Kretschmer en la década del 30, relacionando la estructura corporal con el comportamiento de cada individuo. Describía al longilíneo, en el extremo opuesto al cicloide y en el medio al atlético. Pero hay que reconocer que personalidad, carácter, temperamento y aspecto físico, no son claramente diferenciables. Un modelo simplista pero muy accesible sería el de un árbol, en el que las raices y el suelo representan al temperamento, aquello que dio origen al ser viviente. El tronco simboliza al carácter y evidencia los avatares sufridos a lo largo del tiempo, mostrando su resistencia a cambios posteriores. Por último la copa con las ramas, las hojas y los frutos patentizan la personalidad, lo mas visible, lo que más distingue un árbol de otro, pero que puede cambiar según condiciones climáticas o circunstancias imprevisibles. En nuestra era tecnificada, se ha intentado relacionar cada condición personal con pruebas psicológicas, con mediciones electrofisiológicas, con el metabolismo cerebral o con los trasmisores que en el mismo circulan, sin que se hayan logrado claras conclusiones. En cuanto a los creadores, es probable que un ciclotímico, extravertido, buscador de emociones, sea realista o humorista como poeta, un observador objetivo, un tenaz aventurero o un directivo hábil, conciliador y simpático. En el extremo opuesto es previsible que un esquizotímico o leptosómico, se muestre introvertido, reducidor, evitador de sensaciones, sea patético o romántico en la poesía, adopte estilos inamovibles en sus desempeños, sea exacto y lógico en lo científico, en lo social se muestre idealista puro y como gerente sea frío, calculador y despótico. Es llamativa la explosión ocurrida en los últimos años en cuanto a las diferencias funcionales entre las dos mitades de nuestro cerebro, el hemisferio derecho y el izquierdo, llegándose a calificar a algunas personas como “izquierdos o derechos” según sus modalidades o comportamientos. Los fríamente lógicos en quienes predominan las actividades del izquierdo y los emotivos, intuitivos, en los que la funcionalidad del derecho es predomina. Aunque se acepta que puede haber pensamiento sin lenguaje, pero no la inversa, la conclusión de los especialistas a lo largo de muchos estudios, es que la distinción mas clara entre esas funciones hemisféricas se basa en lo verbal. Otras son las capacidades analíticas, lógicas, racionales para el izquierdo y analógicas, simultáneas, globalistas , sintéticas o intuitivas para el derecho, que se acerca mas al pensamiento y las modalidades orientales que su opuesto. Si bien no es fácil demostrar la prevalente actividad de un hemisferio en un abogado, un poeta, un músico o un pintor, las alteraciones del izquierdo afectan claramente a escritores, matemáticos, psicólogos o filósofos, que no podrán comunicarse verbalmente. En cambio hay pintores que siguieron trabajando, inclusive con un uso más vivido del color, pese a no poder dialogar. Por otra parte las lesiones derechas repercuten seriamente en músicos o pintores, al no reconocer una melodía o no poder ubicar adecuadamente figuras en una mitad del cuadro. La apreciación artística no es un proceso pasivo, requiere atención y de la interpretación que cada uno haga de lo que el autor pretendió trasmitir. Hay diferencias entre la apreciación de las artes visuales y las que se basan en lo verbal, entre la plástica y la música. En lo visual se da un proceso instantáneo, un impacto en nuestro cerebro, una captación inicial “gestaltica”, global de la obra, seguida por una suerte de lectura o análisis posterior de forma, contraste, equilibrio, armonía, significado o simbolismo, mas aun si se trata de algo no figurativo. En música, poesía o literatura nada impacta de entrada. Debe haber un inicio, un desarrollo y una culminación, lo que implica cierto tiempo, al cabo del cual el espectador tendrá mayor o menor satisfacción, como fruto de un tiempo y una atención continuada, a diferencia de la instantánea apreciación visual. Otra diferencia también se destaca, al reconocer que en lo musical, literario o teatral es imprescindible la intermediación de un interprete o un impresor, que con mayor o menor calidad, influirá en los efectos que la obra tenga en quien la aprecien, a diferencia de la pintura o la escultura que se expresan por si solas. Hay distintas regiones de la corteza cerebral a las que llegan las aferencias sensoriales. Todos los ingresos sensoriales evocan a través de la llamada memoria episódica, antiguas escenas que también podrán aparecer, a partir de otros estímulos, en otros momentos. Cada nuevo estímulo si tiene similitud sensitiva con algo archivado, es capaz de desencadenar a través del sistema límbico una asociación con el acontecimiento memorizado mucho antes. Esto se vincula con la sinestesia, que es una condición mucho mas común entre los artistas, que en la población general. La estimulación de un sentido lleva a vívidas sensaciones en otros. Así la visión desencadena sonidos o el tacto genera gustos, predominando las reacciones a lo ingresos visuales. De esas experiencias derivan dichos que relacionan el amarillo o el rojo con sensaciones de felicidad, o el azul con el frío y el verde con el aburrimiento. Es probable que en seres muy sensitivos las aferencias sensoriales lleguen a centros nerviosos más arcaicos, generando sensaciones no habituales ni propias del sentido original. En la apreciación de lo artístico, independientemente de la belleza, juegan además de la comentada sinestesia, los símbolos y las metáforas. Símbolo es la referencia a algo, a otra cosa con la que tiene semejanza o correspondencia, pero es que distinto. La metáfora es una figura retórica mediante la cual se presentan como iguales dos cosas distintas, usando un significado que no le pertenece, para enriquecer al primero. Es frecuente en la conversación, la literatura, la ciencia, a diferencia de los símbolos, cuyo significado es cambiante y no verificable. El arte en sus rasgos tradicionales exigía menor trabajo de apreciación antes del modernismo, iniciado a fines del siglo XVIII, en el que fueron reduciéndose los contenidos evidentes, sujetos a normas rígidas. Se crearon movimientos , comunidades artísticas, grupos cerrados, cuyos alfabetos deben ser descifrados por el contemplador actual. En este complejo proceso de la apreciación de la belleza sea natural o artística, intervienen en permanente combinación la memoria de largo plazo y la reciente, o memoria de trabajo, asociada a mayores o menores contenidos emocionales. La región frontal del cerebro informada de los ingresos y de sus cualidades, organiza una respuesta que muestra como todo eso incide en los gestos, la postura, el lenguaje o el énfasis verbal, evidencia de la mayor o menor repercusión que ha tenido en cada observador. La propensión al alcohol en muchos artistas, dependería de la desinhibición que produce, ayudando a superar la sensación de minusvalía de algunos o la exagerada autocrítica de otros. Hay que reconocer que en las personas creativas, especialmente los artistas, predominan rasgos de sensibilidad extrema, con tendencias oscilantes entre la depresión y la exaltación, lo que no implica que puedan ser calificados de enfermos mentales. Por su parte es llamativo que los alienados, especialmente los que están internados, necesiten expresarse de alguna forma como han demostrado varias exposiciones del llamado arte psicopatológico. El análisis cuidadoso de las mismas permite concluir que es posible diferenciar las obras de un artista que ha enfermado, de las que son producto de un alienado que nunca fue artista pero necesita expresarse. Ante esas diferencias se plantea a veces la duda de si el autor sufre regresión a etapas infantiles o muestra una falta de evolución, lo que ha terminado relacionando al arte moderno, con el de los locos o las expresiones infantiles. Muchos de los artistas actuales parecen mostrarse ajenos al mundo en que viven, volviendo a los principios de la evolución, así como el alienado, al sentirse encarcelado habla de su rebeldía y sus necesidades, sin ninguna expresión comunitaria, grupal o solidaria. Hay que aceptar que tanto el pensamiento primitivo, como el infantil, el de los alienados o el de muchos artistas modernos, se nutre de lo irracional o lo mágico, que como los sueños surge de estructuras arcaicas del cerebro, como el sistema límbico-emocional, donde bulle como una caldera, el inconsciente. Las explicaciones que algunos artistas dan de sus obras carecen de sentido, porque al decir de Picasso ¿por qué nadie intenta entender el canto de los pájaros? El libro consta de seis capítulos: la Creatividad, la Motivación, Personalidad, carácter y temperamento, los Hemisferios cerebrales, la Apreciación de lo artístico y Genialidad, arte y locura. No ha sido publicado hasta la fecha. Héctor A. Figini. Ex Profesor Adjunto de Neurología de la U.B.A.. Ex Jefe de Neurología del H. Fernández. Director de Clínica Psiquiátrica Flores. Miembro de la New York Academy of Sciences Larrea 1035 PB “B” Tel –Fax 4823-8559 E-mail: hectorfigini @ecomanagement.com.ar
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